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lunes, 16 de julio de 2018

EL REY SALOMON, SU SELLO Y LAS CLAVÍCULAS

 
El nombre de este famoso rey judío posee una enorme celebridad dentro de la magia y la hechicería, siendo tal vez el más empleado a través de la magia pentacular y los amuletos.
 
Según la Biblia, Dios (I Reyes, v. 9 y ss.) le concedió a Salomón una ciencia y una sabiduría extraordinarias. La sabiduría de Salomón superaba la de todos los hijos de Oriente y toda la sabiduría de Egipto...
 
Acudían de todos los pueblos para escuchar maravillados la sabiduría de Salomón. De todos modos, según se puede leer entre líneas en la misma Biblia, Salomón utilizaba su sabiduría para fines mágicos. Así, adoró a Melchom y a Astarté, hizo edificar frente a Jerusalén un santuario para Chamos y otro para Moloch.
 
Algunos libros apócrifos, el de Penitentia adae, entre otros, aseguran que Salomón murió impenitente. Respecto a este extremo, dice Grillot de Givry: Hay que referirse a las extrañas tradiciones que se conservan en Escocia, desde la época medieval, cuyo recuerdo ha transmitido el historiador de Carlos VI, Juvenal de los Ursinos, considerando que Salomón se condenó...
 
Algunos autores rabínicos cuentan que al sentir que se debilitaban sus fuerzas, rogó a Dios que ocultara su muerte hasta que las obras que emprendiera en vida estuviesen totalmente finalizadas con la ayuda de Satán. Muerto ya, quedó arrodillado y apoyado en su báculo, como rezando, de manera que los demonios, juzgándole vivo, continuaron su labor.

Cuenta el Corán que el primero en conocer su muerte fue una serpiente, que al roer el báculo que sostenía el cadáver del rey Salomón, se derrumbó éste, e inmediatamente los diablos cesaron en sus trabajos.

La fama de Salomón como mago resistió a los embates del tiempo y así, un autor bizantino de finales del siglo XII, Nicetas de Chones, relata cómo un emperador de Constantinopla tenía una Biblos Solomonteios que le servía para invocar a los demonios y hablar con ellos. Sin la menor duda, esta Biblos debió ser un grimorio al estiló del Clavículas de Salomón o del Salomonis Schlüsse, del que habla Goethe en la primera parte del Fausto. Por desgracia, ninguno de estos escritos bizantinos ha perdurado hasta nosotros, si bien conocemos otros textos de Asia Menor, que parecen proceder de Bizancio, aunque en los mismos no figura Salomón en absoluto.

Las Clavículas de Salomón

Estas Clavículas de Salomón tienen una larga tradición. Flavio Josefo, el historiador judío de principios de la era cristiana, cita en la época del emperador Vespasiano, cuando vivió dicho historiador, un libro de encantamientos llamado de Salomón, y asegura que el poseedor de tal ritual, un judío llamado Eleazar, curaba a los enfermos y los posesos con la ayuda de un anillo mágico y este libro misterioso.
 
En el siglo XI, Michel Psellus habla de un Tratado de Salomón acerca de los elementos. Nicetas Commeno, escritor bizantino del siglo XIII, cuenta que el judío Aaron Isaac, consejero imperial, poseía un libro redactado por Salomón, donde se evocaba a los demonios. Grillot de Givry escribe que el papa Inocencio VI, hacia 1350, mandó quemar un voluminoso libro titulado Libro de Salomón, lleno de invocaciones y prácticas para evocar a los demonios, según el testimonio de Nicolás Eymerich.

Los actuales textos de las Clavículas aparecen hoy día muy tergiversados, y en ellos hallamos vocablos latinos, griegos, hebreos e incluso caldeos, con otros árabes.
 
En las Clavículas, de la Biblioteca del Arsenal, texto caligrafiado y bien redactado, se lee el origen de este texto, cuya narración parece de carácter bizantino. Un clavo mágico lleva una inscripción invocando a Salomón, el gran mago de los judíos, al tiempo que al Dios de los cristianos y a la Artemisa o Artemis de los gentiles. Este texto, grabado en el clavo, dice:

"Ter dico, ter incanto in signo mei et signo Salomonis et signo donna Artemis".

Una tablilla mágica del Museo del Louvre invoca, contra el demonio de la fiebre, de la epilepsia y la rabia, la protección de Salomón y de Meehlis. Una filacteria cristiana lleva la imagen de un búho, el cual simboliza al demonio, con esta inscripción:

"Vicit te leo de tribu luda radix David dominus lesas Christus; ligavit te brachius Dei et sigillus Solomonis. Avis nocturna, non voleas ad animan') puram et supra, quisuis sis".
 
Por otro lado, una piedra labrada, indicada por Matter, invoca a Salomón con Lao y Sabaoth. En su comentario sobre San Mateo, Orígenes (hacia el año 250), arremetía contra los cristianos que, a imitación de los antiguos judíos, invocaban a Salomón contra los demonios.
 
Todavía es más antiguo el texto de Flavio Josefo, en el que se dice que Salomón había descubierto exorcismos contra las enfermedades. Josefo llega al extremo de narrar que un judío llamado Eleazar liberó, en presencia de Vespasiano, a varios posesos por medio de una raíz cuyas virtudes mágicas había hallado Salomón. A los demonios se les suele amenazar con el nombre de Salomón. La filacteria de Constantinopla dice:

"Salomón ha dicho: ten cuidado".

A veces, asimismo, el nombre de Salomón se une al de la imagen de este rey judío; en ella aparece siempre a caballo, atravesando con su lanza a una diablesa que representa una enfermedad. En el reverso de la medalla suele haber grabados varios signos. De estas medallas se halló una en Cyzico, donde en una cara se ve al ángel Araaf, alado, de pie, y a Salomón nimbado, en un caballo al galope, atravesando de una lanzada a una diablesa. Sobre el caballo hay una estrella y una sierpe se arrastra hacia la diablesa. En la otra cara, los bustos enfrentados del Sol y la Luna, ante los cuales arde una antorcha. Lo que más sorprende de tales medallas es la figura de Salomón montado a caballo, atravesando con su espada a la diablesa. Es decir, un Salomón transformado en santo cristiano al estilo del legendario San Jorge. Lo cierto es que en la época de Salomón, los reyes, ya de Israel, de Grecia o de Egipto, jamás montaban a caballo para combatir, sino que lo hacían en carros.

No se trata de una idea judía, pagana o cristiana, pero los pueblos tracoanatolios fueron siempre muy aficionados a representar a sus divinidades protectoras montadas a caballo. Luego, los egipcios y los sirios adoptaron de los tracios la misma costumbre. ¿Y quién es ese ángel Araaf o Archaf que ayuda a Salomón en el combate? Tal vez sea Assaf, maestro decantero del rey David.
 
Respecto a la diablesa, se trata de una serie de monstruos mágicos, gigantes, demonios y titanes, aplastados por los dioses o los genios buenos.
 
La figura geométrica llamada "Sello de Salomón", que es un hexagrama, no figura entre las piedras protectoras antiguas. Se trata, en esencia, de un sello judío y árabe. El hexalfa, o estrella de seis puntas, figura ya en las medallas merovingias, y fue utilizado como talismán de combate. Pero es especialmente de uso judío y árabe, el Khatem Suleiman de los musulmanes. La Edad Media lo usó como instrumento mágico.
 
La primera mención del mismo como tal se halla en el gran Papyrus magique de París, donde se trata de un poseso, liberado por medio del Sello de Salomón colocado sobre sus labios.
 
Las leyendas árabes están repletas de relatos que cuentan las maravillosas virtudes del hexágono de Salomón. Una dice que este rey llevaba esta figura grabada en su anillo: un día, para contentar a una de sus numerosísimas concubinas, hizo que un demonio realizase la estatua del padre de ella; esta imagen fue tan semejante al original que la mujer la adoró como un ídolo. Mas Dios, para castigar a Salomón por este acto, permitió que el demonio le robara la joya con lo que Salomón perdió todo su poder. Sin embargo, Dios permitió que volviese a encontrarla en el vientre de un pez. El Corán se refiere a esta leyenda en el sura XXXVIII, versículo 33.
 
En el hexágono había el gran nombre de Dios, como el grabado en d corazón de Adán, según El Boni.
 
De esta manera, la hechicería se ha apoderado de la figura del rey Salomón, mago o aprendiz de mago sin duda alguna, para convertirlo en uno de sus principales valedores, especialmente en lo que se refiere a la curación de ciertas dolencias o enfermedades.
 
 


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