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domingo, 15 de julio de 2018

DESCUBRIMIENTO DEL PODER DE LAS PIRÁMIDES

 
Corrían los años 20 del pasado siglo y en el mundo occidental, viajar a Egipto estaba de moda. Los folletos de turismos publicitaban las "Pirámides de Gizeh", una de las siete maravillas del mundo, dando origen a un incesante ir y venir de turistas a Egipto a conocer dicha maravilla. Y ocurrió lo casual.

Entre los innumerables grupos de turistas hubo uno, en el que uno de los componentes era el científico francés Bovis, dentro de los pasillos de la Pirámide, caminando con el grupo hacia la cámara mortuoria que está situada en el centro de la misma, a un tercio de la altura de ésta. Como todo el grupo se sintió agobiado por la excesiva humedad que había en el lugar y el espantoso olor que reinaba en los pasillos que procedían de ratas y otros pequeños animales en descomposición que habían perecido en su interior, pero lejos de limitarse a manifestar su sensación de incomodidad, todo lo que hacía era protegerse y observar.

Observar que, dentro de la cámara el ambiente cambió por completo. Allí aunque persiste la humedad y también los cadáveres de animales pequeños, el olor ya no está. Acercándose a un recipiente de desperdicio donde eran depositados pudo comprobar que no sólo no estaban descompuestos, sino que, todo lo contrario se hallaban en perfecto estado de momificación.
 
Rápidamente a Bovis, que era radiestesista e investigador, le sobrevino a la cabeza una asociación de ideas disponiéndose a usar su péndulo. Enseguida se dio cuenta de que se encontraba ante un fenómeno poco común, cayendo en la cuenta de que allí las cosas funcionaban al revés. Como hombre de ciencias, Bovis rechaza por sistema cualquier explicación místico-esotérica, por lo que, analizando los diversos aspectos del problema, se pregunta si aquella peculiaridad no se debería a la forma de la Pirámide y de la situación de la cámara real.

Con sumo y exquisito cuidado, anotó las medidas de las Pirámides y las relaciones que guardaban entre sí, y al siguiente día llevó a cabo una experiencia que germinaba en su mente. Colocó en la cámara real unos trozos de carne fresca, comprobando con sorpresa que al paso de los días la carne no se pudría. Descubrió así lo que ya presentía, "que los constructores de la Pirámide adoptaron tal forma y disposición como una precaución suplementaria logrando con ella la perfecta momificación de los faraones".

Ya en Francia, Bovis, habiendo quedado patente para todo el mundo que los sacerdotes egipcios entre la multitud de conocimientos que poseían sobre las propiedades de la materia y las formas, y de fuerzas capaces de modificar procesos naturales, también conocían la radiestesia.

Bovis siguió sus investigaciones en su laboratorio para lo que se construyó una pequeña Pirámide en escala en relación a la de Keops, de 75 cm. de altura, de madera, que orientó sobre el eje norte-sur de la Tierra. Repitió más de una vez los experimentos obteniendo los mismos resultados. Había logrado descubrir que la configuración de la Pirámide producía un efecto disecador preservándola así de la corrupción.

La noticia del sensacional descubrimiento voló como el viento. Por fin, después de tantos años se desvelaba uno de los enigmas más apasionantes de las Pirámides. El saber que los egipcios construían así sus sepulcros, porque conocían la fuerza sobrenatural capaz de invertir el curso normal de los acontecimientos físicos.

En una serie de conferencias que Bovis estaba llevando a cabo en Niza, sobre radiestesia, dio a conocer en una de ellas sus experimentos de momificación a tamaño reducido a una escala 1/500 y 1/100 de la Pirámide de Keops, donde demostró la existencia de radiaciones idéntica a la cámara real de la Gran Pirámide. Estas conferencias fueron luego publicadas con el título: "De la radiatión de tous les corps".

Ante esta novedad como siempre aparecieron partidarios, y también detractores que querían restarle importancia a las experiencias de Bovis para que no fuera más lejos de ser simplemente una noticia. Pero no fue así, ya que las conferencias tuvieron gran trascendencia dentro de los medios y aficionados a la radiestesia. Aunque la Ciencia no podía más que constatar la autoridad del fenómeno, no daba con ningún camino para poderlo explicar. Pero ya en Estados Unidos, en 1929 en la Universidad de Cincinnati, Samuel Yannes Meintosh, profesor de Física de dicha Universidad hablaba con sus alumnos, sobre las extraordinarias propiedades de las Pirámides.

Pocos años después en 1935, se dedicó a experimentar también con la Pirámide, John Hall, de Chicago. Con dos cables de cobre y un anillo también de cobre, consiguió demostrar que del vértice de la Pirámide salía una especie de carga eléctrica, lo que llevó a corroborar una rara experiencia que tuvo sir Williams Siemens que, encontrándose un día en lo más alto de la Pirámide de Keops, se dispuso a beber agua de una botella envuelta en un periódico humedecido, y sufrió rápidamente una descarga de electricidad estática que se la hizo arrojar. El ingeniero de telecomunicaciones checoslovaco Karel Drbal, también nos hizo saber algo más de las Pirámides con sus experimentos.

Su primera reacción cuando leyó en la prensa sobre el descubrimiento de Bovis, fue de no creérselo disponiéndose a llevar a cabo estos experimentos de la misma forma y al comprobar que no sucedía nada, poder demostrar a todo el mundo que Bovis no era más que uno de tantos cazadores de notoriedad, un charlatán, que sin ningún escrúpulo se disponía a jugar con las buenas gentes dispuestas a creerles. Pero cual no fuera su sorpresa, que llevando a cabo varios experimentos de momificación todos fueron satisfactorios, lo que no tuvo más remedio que admitir que el invento funcionaba.

Su curiosidad le llevó más lejos ya que después de esto y ante la curiosidad se dedicó a estudiar qué relación posible podía darse entre la causa (forma de la Pirámide), y el efecto que se obtenía en su interior, efecto de energía que genera o bien enfoca las Pirámides.

Desde sus primeros pasos con la Pirámide y después de reconocer el éxito de las experiencias de Bovis, Karel Drbal se interesó por los trabajos de más radiestesistas tanto franceses como de otros países. Permaneció en París siete años trabajando, estudiando y analizando las obras La Science Mysteriense des Pharaons, del abate Moreux, y Andes des formes, de L. Turenne, en la que no tiene por más que reconocer todo lo que le debe a los autores por lo mucho que iba aprendiendo en ellas. Mantenía estrecha correspondencia con Bovis y la mayoría de los radiestesistas de la época.

Karel Drbal sacaba la conclusión, de que lo más lógico fuera suponer que era la forma de la Pirámide la que determinaba el comportamiento en su interior, o sea, lo que sucedía en su espacio interior, por lo que cabía pensar como hipótesis que usando algunas formas apropiadas y configuraciones relativas a ellas, tarde o temprano se podría lograr efectos deseados. Al final de la segunda guerra mundial, mientras realizaba con la Pirámide experimentos, en los que ya empleaba no sólo animales para su momificación, sino cualquier objeto inanimado o inorgánico de sustancias variadas, sin que encontrara en ellos resultados significativos.

Pero he aquí que un día vino a su mente un recuerdo de sus experiencias en el servicio militar, una broma que solían apostarse los soldados y que consistía en quitar la navaja de afeitar a un compañero y dejársela durante toda la noche a la intemperie expuesta a los rayos de la luna en el alféizar de la ventana. A la mañana siguiente cuando el dueño de la navaja se afeitaba, lo que hacía era dejarse la piel en ella porque el filo había desaparecido como por arte de magia. A Drbal le vino la genial idea de colocar una hoja de afeitar usada en la Pirámide, creyendo que ésta también destruiría el filo de la hoja, como lo hacían los rayos de la luna en la navaja. Pero su sorpresa fue mayor al comprobar que la hoja se había regenerado, por lo que obtuvo un resultado opuesto al que esperaba, y según relato suyo llegó a afeitarse con una misma hoja hasta doscientas veces.

Nuevamente como antes lo hicieran otros, llegó a la conclusión que al no existir nada que acontezca por arte de magia, obviamente en el interior de la Pirámide actuaban fuerzas, no válidas fuera de ella. Drbal patentó su invento inspirado en que podía sacar buenos beneficios de él, y renunció a buscar qué leyes regían en el espacio interior de las Pirámides, a pesar de que por aquellos años 50 se estaba librando una gran batalla comercial entre las casas de afeitadoras eléctricas y la hoja clásica que las previsiones de mercado la condenaba a muerte en un corto plazo.

Para Drbal, dos eran los factores más importantes que entraban en juego para el funcionamiento de su descubrimiento: Una hoja de afeitar, una navaja, etc., posee una estructura cristalina que se pierde con el uso, pasando a ser desechable. Es ahí donde al introducirlo en la Pirámide actúan estos dos factores:

1. Deshidratación rápida eliminando la humedad de los espacios intercristalinos del filo del metal, que cuando se trata de material orgánico, es a través de esta deshidratación como se llega a producir la momificación, ya que en el interior de la Pirámide el poder renovador funciona como lente de concentración de energía, o como resonadores que captan energía y la hacen actuar en un punto correspondiente a la capilla mortuoria del original, con la función de catalizar la reestructuración cristalina.

2. Una acción sobre la estructura microscópica de la materia, con la que se elimina el efecto de la fatiga del metal usado, que en las materias orgánicas, esta acción destruye los microorganismos que causan la putrefacción permitiendo así la conservación de la materia que se somete a momificación.

Con estos principios, Drbal llega a la conclusión de que toda materia viva, en la que se incluye al hombre, estamos sometidos a la influencia de una energía biocósmica, y la Pirámide sólo sirve para enfocar dicha energía.

Todas estas teorías y descubrimientos que se estaban llevando a cabo en la década de los años cincuenta, tanto por Drbal como por un sinfín de radiestesistas, como era de suponer eran desdeñosamente rechazadas por los arqueólogos y los egiptólogos profesionales. No aceptaban las pruebas demostradas de los efectos que en su interior producían la configuración de las Pirámides, ni tan siquiera la deducción descrita ya por todo el mundo, de que los antiguos egipcios lo sabían, y era por ello precisamente por lo que construían las Pirámides como sepulcro de sus faraones. Pero cabe destacar el hecho de que, lo acepten o no estos señores, los egipcios sin que fueran expertos en egiptología, construían las Pirámides para favorecer la momificación.

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