Bendito San Judas Tadeo,
Gloria de los Apóstoles
y abogado y protector mío,
que con justo título
de patrono de las causas desesperadas
atiendes sin tardanza a los que a ti recurrimos
con nuestras penas y aflicciones:
Heme hoy aquí, humilde y arrepentido,
para exponerte mis necesidades
tanto espirituales como temporales.
Mírame benigno desde el cielo,
alivia mi dolor y mis penas.
Confío que tu patrocinio y tan bondadoso corazón
han de alcanzarme del Señor
lo que tan fervorosamente hoy te pido.

