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PRINCIPIOS Y LEYES DE LOS NÚMEROS


Los sacerdotes egipcios tenían tres modos de expresar sus pensamientos. El primero, sencillo y comprensible; el segundo, simbólico y figurado, y el tercero, sagrado y jeroglífico.
 
Habiendo visto los antiguos magos que el equilibrio es en física la ley universal y que resulta de la aparente oposición de dos energías, trascendiendo del equilibrio físico al metafísico, declararon que en Dios, es decir, en la Causa Primera (1), viviente y activa, debían reconocerse dos propiedades necesarias una a otra: la estabilidad y el movimiento (2), equilibrados por la Corona o Fuerza Suprema (Levi, Dogma y Ritual).

"El Ternario brilla en el Universo por doquier. Y la Mónada es su principio."

¿Y por qué esa predilección por el Tres desde los más antiguos tiempos?

Contesta el Dr. Encause (Papus):

"Estudiemos cualquier fenómeno de la Naturaleza en el cual aparezca el número tres. Fijémonos en el primer fenómeno que se nos presenta: la luz del día, por ejemplo, y tratemos de inquirir la existencia de leyes generales que puedan aplicarse a otros fenómenos de clase enteramente distinta.



"El día se opone a la noche para constituir el doble período de actividad y reposo, que hallamos en toda la Naturaleza. Y lo más saliente en tal fenómeno es la oposición entre la luz y la sombra. Observemos si es realmente absoluta esta oposición, pues se advertirá que entre la luz y la sombra, que aparecían irreconciliablemente separadas, existe algo que no es ni lo uno ni lo otro; algo que en Física recibe el nombre de penumbra y que participa de la condición de ambas. Cuando la luz disminuye, la sombra aumenta. La sombra, pues, depende de la mayor o menor cantidad de luz: la sombra es una modificación de la luz. Tales son los hechos que podemos comprobar.

"Resumiendo: la luz y la sombra no están completamente separadas entre sí. Tienen un elemento intermedio, y es la penumbra que participa de la condición de ambas, de donde resulta la Ley:

"Dos opuestos tienen entre sí otro intermediario, resultante de los dos primeros.

"Los opuestos no son más que el distinto grado de una sola y misma cosa.

"Activo y pasivo producen por su acción recíproca lo neutro, que tiene algo común con los dos, que podemos presenta así en conjunto:
1
 
Activo
Luz
Macho
Gaseoso
Padre
Calor
Atracción
 
2
 
Pasivo
Sombra
Hembra
Sólido
Hijo
Frío
Repulsión
 
3
 
Neutro 
Penumbra  
Hijo  
Líquido  
Espíritu Santo 
Tibio  
Equilibrio.

Vemos que los tres términos que constituyen esta ley son:

Un término activo.
Un término pasivo.
Un término neutro, resultante de la recíproca acción de los dos primeros.

En números:

El 1 (activo), unido al 2 (pasivo) produce el 3 (neutro), por reacción del activo sobre el pasivo. Queda así demostrado que el Nº 1 representa todas las ideas gobernadas por el principio activo: Hombre, Padre (Dios), Luz, Calor, etc. El 2, todo lo que se refiere al principio pasivo: mujer, sombra, frío, etc., y el 3, todo lo neutro.

Llevado el mismo asunto al campo metafísico:

"Siendo inaccesible para los sentidos la esencia divina, empleamos, con el propósito de caracterizarla, no el lenguaje de los sentidos sino, el del espíritu. Damos a la Inteligencia o principio Activo del Universo el nombre de mónada o Unidad (Nº 1), porque siempre es el mismo; a la Materia o principio Pasivo, el de Duada (Nº 2), o multiplicidad, porque está supeditado a toda especie de variaciones; y en fin, al Mundo, el de Tríada (3), porque es el producto de la Inteligencia y la Materia" (Doctrine des Pythagoritiens).


Tenemos, en conclusión, que el 1 y el 2 engendran el 3; y que de estos tres números se derivan todos los demás hasta el 9 inclusive. Dice el mismo Papus:

"Considerando al Universo como un Gran Todo, viviente y compuesto de inteligencia, alma y cuerpo, se lo denominaba Pan o Phanes. El hombre, o Microcosmo, tenía igual composición, pero en forma contraria, constituida por el cuerpo, el alma y la inteligencia. Cada una de estas tres partes era, a su vez, determinada por tres modificaciones, de suerte que el Ternario reina en todo el conjunto y también en cada una de sus partes. Cada Ternario, desde el que abarca a la inmensidad hasta el que constituye el más insignificante individuo, estaba incluido, según Pitágoras. en una unidad absoluta o relativa, y forma así el Cuaternario, que es una nueva Unidad en grado superior, como en el caso del padre y la madre que engendran al hijo para producir esa nueva unidad llamada familia, a la que podemos representar con el Nº 4, o Cuaternario Pitagórico."

Un resumen de esa admirable doctrina es el que hace Fabre d'Olivet, condensando en él la finalidad de cada ser, que es dar origen a una energía de orden superior a la que él recoge, es decir, convertirla en una fuerza superior: el alma.

"Pitágoras —dice Fabre d'Olivet— admitía dos móviles en las acciones humanas: el poder de la Voluntad y la necesidad del Destino; sometía el uno y el otro a una ley fundamental denominada Providencia, de la que igualmente emanaban.

El primero de estos móviles era libre, y el segundo, condicionado, de suerte que el hombre se encontraba situado entre dos opuestas naturalezas, pero no contrarias, indiferentemente buenas o malas, según el uso que él supiera hacer de ellas.

El poder de la Voluntad influía sobre las cosas que se hiciesen y sobre el Porvenir; la necesidad del Destino sobre las cosas ya hechas y sobre el Pasado; la una alimentaba sin cesar a la otra, trabajando sobre los materiales que recíprocamente se suministraban.

Porque —según este admirable filósofo— del Pasado nace el Porvenir, y del Porvenir se forma el Pasado, y de la reunión de uno y otro se engendra el Presente, siempre existente.

Así —según esta doctrina—, la Libertad reina en el Futuro, la Necesidad en el Pasado y la Providencia en el Presente.

Nada de cuanto existe, existe por casualidad, sino por la unión de la ley fundamental y providencial con la voluntad humana, que la sigue o la violenta operando sobre la Naturaleza.

Según estas enseñanzas, esa necesidad fatal de que el hombre nunca cesa de quejarse es él mismo quien la ha engendrado, por el mal uso de su criterio. A medida que avanza en el tiempo, recorre la senda que él mismo se ha trazado, y según la modifique, cosechará bienes o males."

De esto podemos deducir que el conocimiento de la doctrina pitagórica nos revela el verdadero sentido de los Números y pone a nuestro alcance los medios que nos sustraerán al fatalismo.


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