El trabajo meticuloso, profundo y oculto de los alquimistas, estuvo íntimamente relacionado con la astrología. No había alquimia sin un conocimiento profundo de los planetas, de sus naturalezas, propiedades, afinidades y rechazos.
Un alquimista antes de mezclar sus sustancias tendría en cuenta la posición de los planetas en el cielo: sin esta premisa sus fórmulas serían inútiles, no surtirían los efectos previstos o no conseguirían los resultados esperados. La astrología fue, ciertamente, el origen de toda una sabiduría.
Los colores, metales, piedras, plantas, flores y hasta los perfumes están bajo el hechizo de los astros. Todo lo que germina, crece, respira o existe, depende de un influjo y movimiento planetarios. Es normal, pues, que los nacidos bajo determinado signo sientan ciertas preferencias ante un color específico o gusten de un perfume especial, como si la raíz de los gustos radicara en un inconsciente desconocido pero lo suficientemente fuerte como para inclinar a determinadas elecciones.
Cada signo posee sus elementos favorables, esto es, aquellos colores, piedras, metales, días y plantas que facilitarán la armonía humana y, en consecuencia, la suerte, de los individuos nacidos bajo la regencia de un particular planeta.
Los colores, metales, piedras, plantas, flores y hasta los perfumes están bajo el hechizo de los astros. Todo lo que germina, crece, respira o existe, depende de un influjo y movimiento planetarios. Es normal, pues, que los nacidos bajo determinado signo sientan ciertas preferencias ante un color específico o gusten de un perfume especial, como si la raíz de los gustos radicara en un inconsciente desconocido pero lo suficientemente fuerte como para inclinar a determinadas elecciones.
Cada signo posee sus elementos favorables, esto es, aquellos colores, piedras, metales, días y plantas que facilitarán la armonía humana y, en consecuencia, la suerte, de los individuos nacidos bajo la regencia de un particular planeta.
