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domingo, 3 de julio de 2016

LA VARILLA DE ZAHORÍ, RABDOMANTE O RADIESTÉSICA

 
Como los instrumentos no son más que índices amplificadores de reflejos neuromusculares generalmente imperceptibles, lo único que importa es su carácter práctico.
 
Un imperativo capital guiará la elección del objeto y del método: sin duda, los gustos personales, pero sobre todo la calidad de los resultados.
 
Obtención de la varilla

Formada por dos ramas de grosor similar, de treinta a cuarenta centímetros de largo cada una, puede ser de madera verde, tierna, flexible, elástica y resistente como la del avellano. El arce y los brotes jóvenes del haya también pueden ser­vir; no así las maderas resinosas ni la del saúco, que son demasiado rígidas.

Verifique la eficacia de la horquilla separando ligeramente las dos ramas: la ten­sión que se produce asegura un equilibrio inestable que hace que la punta se incline hacia arriba o hacia abajo.

No obstante, como la «varilla natural» exige que se mantenga o se renueve la frescura del material —los antiguos rabdomantes la empapaban en agua antes de cada uso—, se suele recurrir a las varillas metálicas, de barbas de ballena, de junco o de plástico, que tienen la ventaja de las formas regulares, redondas o pla­nas, y de un mejor equilibrio. Pero las varillas metálicas, remachadas o atadas en uno de sus extremos, y que pueden abrirse y cerrarse a voluntad, producen un gran cansancio en las manos y giran demasiado rápidamente a causa de su elasticidad.
 
Es por ello que optamos por las barbas de ballena, que son lo suficientemente largas (más o menos treinta centímetros) como para ser sostenidas a manos lle­nas, pero no demasiado, para evitar las reacciones lentas y la fatiga. Deben ensamblarse en la punta para que se mantengan bien adheridas.

Cómo sostener la varilla

Existen varias maneras de oponer el equilibrio inestable de la varilla, obtenido por la flexión de las ramas, a una reacción comparable a la del resorte.

Apriete ligeramente los brazos a lo largo del cuerpo hasta la altura de los codos. Con las palmas de las manos hacia abajo y los pulgares separados, coja las ramas de tal modo que la punta se dirija horizontalmente hacia delante. Los cuatro dedos de cada mano se deslizan por debajo de la rama correspondiente y el pul­gar se mantiene encima. La encorvadura hacia dentro se obtendrá o bien sepa­rando las ramas, o bien presionando con los dedos apretados.

Tenga en cuenta que si la rama pasa por encima del meñique, podría verse influida por él. De ahí la utilidad de hacerla pasar entre aquél y el anular.

Un salto de la varilla, seguido de una nueva presión de las manos sobre las ramas, es un signo de desequilibrio.

Antes de iniciar cualquier búsqueda, procure que la punta se mantenga hori­zontal sin que la presión sobre las ramas cause fatiga.

Explicación del fenómeno

Se impone, pues, una tensión voluntaria a la varilla, cuyo equilibrio es roto por el reflejo que anuncia el descubrimiento, de por sí inconsciente. El hecho de que­rer restablecer el equilibrio inicial engendra una tensión suplementaria que como consecuencia hace reaccionar a la varilla. La espiral de las acciones cada vez más intensas explica que, al querer impedir la pérdida de control del instrumen­to, con frecuencia el operador la acentúe. Llega a suceder que el instrumento se rompa o que, en el caso de una varilla metálica, los esfuerzos conjuntos de varias personas no pueden impedir que siga moviéndose.

Las varillas en forma de L

Estas varillas amplifican los ínfimos movimientos musculares, lo que tiende a provocar una torsión de los brazos.

Es importante fabricar varillas cuyo metal no se doble bajo la acción del viento. Si la aleación utilizada para las soldaduras evita cualquier riesgo de efecto magnético (atracción o repulsión), el cobre, buen conductor de corriente, y la madera pueden servir igualmente.

Apuntando hacia delante y paralelas al suelo, con unos cuarenta centímetros de separación, las varillas se mantienen sin tensión, de manera que puedan girar como veletas tanto hacia la derecha como hacia la izquierda.

Su cruce o su separación manifiestan el descubrimiento: paso por encima del punto o indicación de la dirección al girar sobre uno mismo.
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------------------------ 50 cm ----------------------

Estas varillas sirven en particular para la localización de los líquidos subterrá­neos: fuentes, cañerías, antiguos pozos recubiertos, yacimientos de petróleo, etc.
 
Personalmente, propongo mangos curvados y de dimensiones adaptables.

 

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