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viernes, 22 de abril de 2016

EL BONSAI Y SU RELACIÓN CON EL ZEN


Al terminar el siglo pasado, los bonsai se exportaban regularmente, habiéndose celebrado la primera exposición de plantas japonesas en Londres en 1909. Esta exposición creó gran expectación entre un público Eduardiano que estaba acostumbrado a la jardinería en gran escala, pero ha sido principalmente en los últimos veinte años cuando un público cada vez mejor informado se ha interesado por el arte bonsai.
 
Como sucede con otras manifestaciones artísticas orientales, sin embargo, han existido siempre ciertos malentendidos en Occidente. Durante muchos años se creía que los bonsai eran árboles especiales japoneses que se desarrollaban en una forma inusitada y atractiva debido a su composición genética, que en realidad eran variedades enanas místicas.
 
Para mucha gente, por otro lado, el bonsai ha sido algunas veces asociado con prácticas orientales tales como el vendaje de los pies en China (práctica que para los chinos tiene un significado muy distinto del que podría suponerse) pero generalmente las artes japonesas, con sus íntimas conexiones religiosas, han disfrutado de un alto grado de respeto, aunque no han estado siempre libres de crítica.
 
Ya en el siglo XIII, el autor satírico Kenko Yoshido escribió:
 
«Apreciar y encontrar placer en árboles curiosamente curvados y en maceta es amar la deformidad».
 
Hablaba de la moda cada vez más arraigada entre las clases superiores de aquel tiempo de cultivar bonsai, aunque también podría haber estado refiriéndose a la calidad de los árboles de producción comercial producidos para satisfacer esta demanda. Sin embargo, tal error puede comprenderse. Incluso hoy en día existe en Japón una discusión entre puristas y no puristas sobre lo que exactamente es el bonsai.

Tradicionalmente, se utilizaban árboles que habían sido atrofiados por la propia Naturaleza o eran enanos. Luchando en un suelo pobre y en condiciones adversas, eran recogidos por los cultivadores de bonsai que los utilizaban como punto de partida, y podían ser objeto de un meticuloso y paciente trabajo de hasta cincuenta años para lograr un árbol en miniatura que podía ser considerado por su propio dueño como cercano a la perfección. Este prolongado método de cultivo de los tradicionalistas ha dado paso en su mayoría en los últimos años a los métodos modernos de cultivo bonsai a través de esquejes o semillas y hoy en día es posible lograr un bonsai en un período de tiempo mucho menor.
 
Según sea el método de tratamiento, un bonsai inmaduro de cinco años puede mostrar el suficiente encanto como para ser exhibido junto a ejemplares maduros. Sin embargo, es importante recalcar que un bonsai, aunque pequeño en estatura, debe ser sano y crecer vigorosamente, y se le debe suministrar la nutrición adecuada para su desarrollo máximo. Un árbol que está desnutrido o falto de vigor, no es bueno.
 
Para que un producto terminado se califique como bonsai deberá normalmente poseer apariencia de árbol. Existen excepciones, sin embargo, y por lo menos en Japón ciertas plantas como el crisantemo, césped y juncos se tratan para su exhibición como bonsai. También es posible la «miniatura de las miniaturas», que es el caso del bonsai mame. También se realizan como otros bonsai, a partir de variedades ordinarias, o enanas en ciertos casos. Suponen un reto para el horticultor ya que, incluso siendo mucho más pequeñas que el bonsai normal, siguen teniendo la apariencia de árbol y no se limitan a parecer plantas diminutas. Son tan pequeñas que varias de ellas pueden acomodarse en el espacio de una jardinera de ventana, y un cierto número de mame bonsai reunidos pueden proporcionar un aspecto muy atractivo.

LA INFLUENCIA DEL BUDISMO ZEN

Todo bonsai debe ser trabajado teniendo en cuenta la proporción y armonía de cada una de las partes que lo componen. A primera vista, algunos sistemas de tratamiento pudieran parecer artificiales y difíciles de apreciar por la mentalidad occidental. El arte del bonsai, sin embargo, no quiere ser una mera reproducción de la naturaleza. Aspira a simbolizar o contener la naturaleza en un árbol miniatura perfecto, que puede crecer solo en un recipiente cuidadosamente seleccionado, junto a otros árboles, o asido a una piedra, y en conjunto logrando una aparente naturalidad sorprendentemente espontánea.

El Budismo llegó al Japón a través de China ya en el siglo VI de nuestra era y fue transmutándose en la fórmula únicamente japonesa que conocemos como Zen. Debido principalmente al trabajo del Dr. Daisetz Suzuki, comenzando por un informe escrito para el Periódico de la Sociedad Pali de Londres en 1908, el Zen fue introducido en Ocidente, donde ha sido considerado en diversas ocasiones, especialmente en América, con la categoría de culto. La dificultad que hallan la mayoría de los occidentales en comprender el Zen, radica en que éste es más una forma de vida que una religión convencional; no existen leyes fijas o dogmas, y a menudo se expresa a sí mismo en paradojas o acertijos abruptos y al parecer insolubles, conocidos como «koans». Se insiste mucho en la autodisciplina, contemplación e ideas preconcebidas. Su atractivo para los occidentales radica en su aparente simplicidad, su tolerancia y atmósfera de libertad, y en la paz espiritual a conseguir mediante la práctica de la meditación.

La actitud japonesa hacia el Arte y hacia la Naturaleza difiere muy sustancialmente del punto de vista occidental, y quizá no es posible apreciar completamente actividades tales como el cultivo bonsai, sin algún conocimiento previo de los principios del Budismo Zen.

El Dr. Suzuki dijo:

«El Arte se estudia en Japón no sólo por el Arte en sí sino para lograr un conocimiento espiritual».

Esta es la base para entender el abordaje japonés al estudio de temas tales como pintura, poesía, arreglo de flores y jardinería, y se extiende hasta relacionar actividades tan diversas y aparentemente opuestas como la práctica del Judo y la ceremonia formal del té, por mencionar sólo dos ejemplos.

De esta forma el Budismo Zen se introduce en todos los aspectos de la cultura japonesa. El Zen concibe la vida como una unidad de la que el Hombre, el Arte y la Naturaleza son componentes armónicos e inseparables. A través de este entendimiento de la unidad de todas las cosas, podemos percibir algo del misterio de la vida, y ver lo eterno en todas las manifestaciones de la Naturaleza, incluso las menores, o la más sencilla obra de arte. Este concepto no es totalmente ajeno a la mentalidad occidental.

El poeta místico William Blake (1757-1827) expresó casi la misma idea cuando escribió en su Augurios de la Inocencia sobre la posibilidad de «Ver un Mundo en un Grano de Arena, Y un Cielo en una Flor Silvestre...».

Del mismo modo el árbol bonsai representa algo mucho más amplio que sí mismo; de hecho, el lento cultivo del bonsai y la paciencia necesaria para nutrirlo a través de sus diversas etapas de crecimiento puede ser en su conjunto una especie de meditación. No hay necesidad de que exista una sensación de frustración en el conocimiento de que continuará viviendo y desarrollándose mucho después de que haya muerto su primer dueño. Al cultivarlo el individuo puede llegar a una más profunda apreciación del proceso de la vida— una especie de unidad con la Naturaleza que no puede conseguirse contemplándola desde un punto de vista sentimental.

Los escritos taoístas chinos recalcan la importancia de una actitud de respeto hacia el universo. Lao Tsu, en el Tao Te Chinga del siglo VI antes de Cristo, dice: «Cuando el hombre carece de un sentido de temor se producirá un desastre».

Vemos el mismo pensamiento reflejado en los escritos de Basho, el poeta Haiku japonés del siglo XVII. En uno de sus viajes registra que vio un enorme pino, probablemente de más de mil años, y escribió:

«En tanto permanecía frente a este árbol sentí una extraña sensación de temor y respeto ya que, aunque el árbol en sí era un frío objeto insensible, ha sobrevivido al castigo de un hacha durante tantos años gracias a la divina protección de Buda.»

Basho, al demostrar su apreciación casi espiritual de la Naturaleza, también advierte contra un abordaje demasiado subjetivo cuando dice:

«Ve al pino si quieres saber sobre el pino, o al bambú si quieres saber sobre el bambú. Y al hacerlo, debes dejar en ti mismo tu preocupación subjetiva. De otro modo te impones al sujeto y no aprendes.».

Aunque este consejo se refería a la poesía, la lección tiene una importancia obvia para todas las formas de expresión artística cuando dice:

«Tu poesía surge por sí misma cuando tú y el objeto os habéis convertido en uno cuando te has sumergido lo suficiente en el objeto para ver en él algo parecido a una trémula luz escondida. Por muy bellas que sean las palabras de tu poesía, si tu sentimiento no es natural —si el objeto y tú estáis separados— tu poesía no es verdadera poesía sino tan sólo tu falsificación subjetiva» .

Con sus diversos tamaños, el bonsai puede ser tan pequeño que sea fácilmente transportable o tan grande que deba ser considerado como un árbol tratado, envasado. En la diferencia de estaturas pueden identificarse tanto la influencia de la habilidad en la arquitectura de jardines como los estilos preferidos para arreglo de flores. Como hemos visto, la jardinería y el arreglo floral japoneses tienen sus orígenes en los maestros Zen. En la vida monástica se incluyeron tales disciplinas como medio de ayuda para la iluminación, y al hacerlo dejaron su impronta espiritual en su futuro desarrollo entre los laicos. El ordenado ritmo de vida de los monjes y el tiempo de que disponían, facilitó el desarrollo, hasta un alto grado, de este arte para ser luego transmitido a las generaciones sucesivas. Tradicionalmente la relación maestro-alumno ha sido muy importante en Japón, y cada disciplina se rodea de la misma atmósfera de respeto y reverencia hacia su conocimiento. Siguiendo esta tradición, la forma ideal de conseguir un conocimiento del bonsai es a través de las lecciones de un maestro y no a través de la palabra escrita. El proceso de aprendizaje del alumno supone la sujeción a un gran control siendo el maestro (sensei) muy exigente.

El aprendizaje estaba asociado con el mantenimiento de valores espirituales y el alumno se hallaba en una posición especial para adquirir no sólo conocimiento de las disciplinas elegidas, sino también un enriquecimiento espiritual. Siempre existía una interacción entre la enseñanza de un conocimiento y el desarrollo paralelo de cualidades personales en tanto a ser humano. Por lo tanto la labor del maestro no se limitaba a impartir una instrucción, sino que además de su enseñanza, ofrecía una guía paternalista y casi sacerdotal. Este tipo de relación no es exclusiva del Este ya que algo muy similar existía durante la época del Renacimiento en Europa. Artistas jóvenes vivían con los grandes maestros durante muchos años, aprendiendo sus métodos de trabajo con gran profundidad. En principio sus responsabilidades se limitaban a trabajos menores tales como la mezcla de pinturas, limpiar los pinceles y preparar las telas, pero a medida que su habilidad crecía, comenzaban a trabajar en la pintura de las áreas menos importantes de las obras en que trabajaba el maestro antes de convertirse en artistas por derecho propio. Debido a esta muy gradual adquisición de conocimiento, incluso los primeros trabajos de estos artistas muestran un alto grado de simpatía por el sujeto de su obra y una habilidad de ejecución muy pocas veces existente en pintores con mayor talento natural pero con menos escuela. En un grado más limitado esta tradición ha llegado en Europa hasta nuestros días entre los artesanos, siendo casi esencial el aprender muchas de las disciplinas que unen inspiración y destreza manual de una persona de gran experiencia.

EL BONSAI EN LA CHINA ACTUAL

Con las graduales mayores facilidades para el acceso a China del visitante occidental, el interés por el bonsai chino (conocido por los chinos como penjing o árboles artísticos en macetas) ha aumentado muchísimo. A pesar de que los estilos y los métodos de tratamiento han ido cambiando a lo largo de los años, todavía tienen poca influencia de las tradiciones japonesas del bonsai y como resultado ofrecen una nueva oportunidad del estudio de árboles que son el producto de muchos siglos de experiencias acumuladas.

Existen algunas colecciones muy importantes de antiguos bonsai en China, como los que se encuentran en los jardines históricos de Suchow, donde pueden verse viejos y a menudo extremadamente grandes árboles en macetas. Y de nuevo, los bonsai jóvenes, más pequeños, se usan como elemento decorativo en muchos hoteles, algunos de los cuales poseen sus propios viveros donde se producen bonsai al mismo tiempo que arbustos y bulbos. Ocasionalmente se puede comprar algún árbol. El bonsai también se exhibe a menudo en lugares públicos, especialmente en estaciones de ferrocarril, y pueden colocarse pequeños árboles con fines decorativos en las mesas de los compartimientos de los trenes. Como cabe esperar de un país con una gama de árboles tan amplia como es China, las plantas que se seleccionan para tratamiento son muy diversas e incluyen especies tan poco conocidas como la Sageretia theezans, Murraya paniculata y Serissa foetida (tres de entre mil posibilidades), y especímenes más normales como Ulmus, Acer, Pinus, etc. Se plantan como ejemplares individuales o en grupos, compuesto a menudo de diversas especies y normalmente en conjunto con rocas.

La importancia de las rocas para los chinos será ya conocida por aquellos que hayan estudiado la arquitectura china de jardines, y a veces bonsai u otros árboles pequeños pueden llegar a desaparecer dejando un paisaje compuesto sólo por rocas dispuesto en una bandeja poco profunda. Los ejemplares de bonsai chinos, tanto en ejemplos antiguos como los actuales, se diferencian sensiblemente de los ejemplos japoneses u occidentales. El impacto visual inicial de un bonsai está siempre influido por su maceta, y en China la mayoría de recipientes utilizados son profundos y redondos. Normalmente son de un color marrón rojizo; de cerámica no esmaltada o, para algunos ejemplares seleccionados, de cerámica esmaltada, probablemente antiguos.

La mayoría de los bonsai que ven los viajeros en China hoy en día, parecen diferenciarse sustancialmente de los de Japón. Ello se debe sin duda en parte a la mayor variedad de especies cultivadas, cada una de las cuales ofrece sus propios problemas de crecimiento, pero también existe una influencia basada en ideales de belleza distintos y de la diferente significación que el bonsai tiene para las gentes de esos dos países. Cuando se establece una comparación entre pinos, por ejemplo, es obvio que los chinos ponen el acento en producir un árbol con la copa en forma de dosel, de cierto tamaño, mientras que los japoneses dan mucha importancia a la extensión de las ramas inferiores, característica que se repite en la arquitectura japonesa de jardines. La Sageretia theezans (que no es una variedad de ciruelo, a pesar de su nombre popular Chino de ciruelo de los gorriones) se ve a menudo en China trabajada con un tronco relativamente desnudo y recto del que crecen ramas, cada una de ellas portadora de una mata de hojas compacta, cuidadosamente controlada, en conjunto reminiscente del topiary y en estilo similar, de hecho, a muchos árboles tratados en Thailandia. El Podocarpus también es algunas veces utilizado y puede verse en diversas formas, algunas con troncos retorcidos. Otras, con claro origen silvestre, poseen gruesos troncos terminando bastante bruscamente con unas pocas ramas pequeñas, pero las más comunes son el Pinus parviflora, varios arces, Pinus thunbergii y algunos Ginkgo.

De la escasa información de que hasta la fecha disponemos parece desprenderse que los árboles en maceta artísticamente tratados no son frecuentes en los hogares chinos, siendo más corrientes los bulbos y plantas de interior. Ello podría estar, desde luego, en relación con el coste del bonsai, pero también puede deberse al gran número de bonsai de todo tipo que la gente puede ver en todos los lugares cada día, y al hecho de que muchos chinos viven en pisos sin espacio exterior. Queda por ver si el cultivo de bonsai se reduce a los viveros especializados, como parece ser en el momento presente, o si se convertirá, como ha ocurrido en Japón y en Occidente, en una afición practicada por mucha gente. A medida que se vaya disponiendo de más literatura sobre el bonsai chino será interesante el observar si los aficionados de los países occidentales tratan de cultivar algunas de las especies chinas conjuntamente con las japonesas y las autóctonas.

EL BONSAI EN OCCIDENTE HOY

La herencia del bonsai ofrece al mundo moderno una afición que puede proporcionar diversas esferas de interés. Para el horticultor occidental puede suponer un contacto con la cultura japonesa y el arte oriental. Para el artista que busca un nuevo medio de expresión es un desafío, ya que conlleva una severa aplicación de sus habilidades como horticultor. Muchos países occidentales han adaptado las artes y deportes japoneses y logrado un alto nivel en los últimos veinte o treinta años. Con un incremento del tiempo libre, cabe esperar que esta tendencia continúe. Conjuntamente con una renovación de interés por la artesanía occidental tradicional, las próximas décadas pueden ofrecer un período en que la cultura occidental puede hacer una contribución original a aspectos de la cultura oriental, entre los que se encontraría el bonsai.




 

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